CRONICA 70.3 Ironman Cascais 🏊‍♂️ 🚴‍♂️🏃‍♂️ – Bego & Carlos

Todo empezó con el 70.3 de Mallorca, al que nos apuntamos los dos, pero finalmente sólo fue Carlos (yo lo anulé por otro viaje al paraíso… que no podía rechazar). 

Hemos participado en muchas pruebas de diferentes deportes y no hay nada comparable a la sensación que se tiene cuando eres finisher de un 70.3 de Ironman. Carlos, en el avión de vuelta a Madrid, ya tenía claro que este año, teníamos que intentarlo de nuevo… a los pocos días estábamos los dos con la tarjeta de crédito en la mano y tramitando la inscripción.

Una vez que analizamos las sensaciones que tuvo Carlos en Mallorca, planificamos un calendario de entrenamientos enfocado principalmente a mejorar el segmento de natación y ciclismo y ser algo más selectivo con los entrenamientos de carrera a pie ya que las molestias en la cintilla seguían estando. Además cambiamos zapatillas y pedales, trisuit y en el apartado de la alimentación empezamos a usar Maurten y otro tipo de geles.

Fueron pasando las semanas y las sensaciones eran muy positivas, ya que los cambios introducidos funcionaban, pero nuestra mayor preocupación seguía siendo como íbamos a ser capaces de acoplar los entrenamientos en un mes de agosto con más de 15 días fuera de Madrid y con más de 30º grados desde las 10 de la mañana. No quedaba otra que empezar las salidas de la bici a las 7.30 am y tener mucho cuidado con la hidratación. 

Comienza la aventura: 

Viernes 27 de septiembre:

Comienza el viaje, una duración de algo más de 6 horas, donde empiezas a notar que los nervios son cada vez más intensos. Ya solo piensas en llegar al “Ironman Village” y recoger tu mochila con las pegatinas y esa pulserita que luego no te quitas hasta dentro de un mes….

Como sobran un par de horas hasta el “pasta party”, nos subimos al coche para hacer el reconocimiento del segmento de bici. Sin duda ha sido una decisión acertada, ya que nos da muchísima tranquilidad y nos confirma que estamos preparados para hacer un buen tiempo. Son las 19:00 y en el recinto donde se hace el Briefing y la pasta party estamos cerca de 2.500 personas.

El ambiente es alucinante.

Sábado 28 de septiembre:

8:00am ya estamos en la playa, buscando referencias y nadamos unos 900 metros. Temperatura del agua 18 grados.  

Antes de las 10.30am estábamos subidos en las bicis para hacer unos 45 minutos por una de las partes más planas del circuito.  Una vez en casa, hacemos el último repaso a las bolsas que dejaremos unas horas más tarde en la zona de transición. 

Domingo 29 de septiembre:

4.30am, suena el despertador.

“Hemos dormido bien, hemos descansado»

pienso mientras me preparo el desayuno. Carlos está serio y concentrado, llevando sus nervios como puede. Yo (soy algo más inconsciente), sigo más o menos tranquila y puedo disfrutar de mi desayuno como todos los días. Nos subimos al coche y voy haciendo repaso mental de todo («gafas, gorro, casco, geles,..»), sigo con la sensación de que se me olvida algo, distribuir el material y equipación entre la bolsa azul de «Bike» y la roja de «Run«, es algo nuevo para mí. Aparcamos, vamos para el hipódromo, donde está la zona de transición y empiezo a notar nervios.

Nuestras bicis están a 15 metros de la de Javier Gomez Noya, con el que coincidimos cuando estábamos dejando los bidones y los geles. 

Nos vamos a la Praia dos Pescadores, donde salimos al agua y es en ese momento, cuando los nervios llegan a su momento peak. Prácticamente no ha amanecido, cuando suena el himno de Portugal y al sonido de la primera campanada, ya están los PRO en el agua. Salimos de 6 en 6 cada 4 segundos. Llega nuestro turno, nos miramos… y suena nuestra campana. Salimos los dos a la vez. En general, me sentí muy bien en la natación, cómoda, buscando mi hueco y a un ritmo constante. Se pasó rápido, hasta que llegamos a unos 100 metros de la rampa de subida a la T1. Entre codazos y patadas, reconozco a Carlos justo a mi lado y siento una sensación de alivio y alegría («estamos juntos y vamos los dos bien»). Vamos caminando y trotando durante algo más de 1km hasta la zona de transición para coger la bici y empezar nuestro segmento favorito.

Durante los primeros 50 km vamos haciéndonos pasaditas el uno al otro, es una parte muy llanita, siendo fácil mantener los 30km/h. Vamos prácticamente juntos, compartiendo sensaciones y pendientes de tomarnos los geles, sales y demás que habíamos planificado el día antes. Entramos en el circuito de Estoril (km60) y hay una chica en la primera curva de la entrada, sentada en el suelo, con las rodillas y codos con sangre y llorando por no poder seguir, sentimos una pena enorme que no pudiera seguir disfrutando del recorrido de la bici.

En mi caso (Bego), iba totalmente flipada de poder estar recorriendo el circuito de Estoril como si fuera un F1 (aunque, con mi Trek» Ferrari» era aún mejor XD). Salimos del circuito y empiezan las cuestecitas, cortas pero con una pendiente superior al 10%. Pasamos por varios pueblos que reconozco del día anterior, lo que nos ayudó enormemente. Apenas íbamos separados por 200 metros, nos cruzamos en varios puntos, ¡estábamos haciendo muy buena bici! Y llega el momento más espectacular de la carrera, bajar bordeando la playa de Guincho, un paisaje salvaje, rollo surfer, una de nuestras playas favoritas ¡impresionante!

Tras esa bajada, nos encaminamos a la zona de transición. Nos encontramos de nuevo los dos, con una sonrisa de oreja a oreja por lo que habíamos disfrutado la bici. Pero ahora empezaba lo peor, en mi caso, mi reto total. Carlos siempre corre bien, mantiene el ritmo constante, es como un reloj suizo. Empiezo a correr y voy bien, los 3-4 primeros km, superados con ritmo constante. De repente Carlos aparece y desde ahí ya vamos juntos durante toda la carrera. Cuesta arriba, cuesta abajo y vuelve a subir. ¡Qué carrera más difícil! Ya lo sabíamos y Adri Ivars (que lo hizo el año pasado) ya nos avisó.

Parábamos en todos los avituallamientos, Carlos iba marcando el ritmo, hasta que en el Km12-14, lo empieza a marcar mi temida cintilla… era solo un reflejo, podía seguir perfectamente pero con cuidado. Carlos ponía la cabeza, íbamos animándonos.

En el km 18 …BOOM! La cintilla empieza a estallar y cada zancada siento que la rodilla izquierda se sale! Le digo a Carlos que esto es inhumano y me dice que lo inhumano es los km que ya llevamos! Menos mal que hicimos la carrera juntos, sino habría sido muchísimo más difícil aún para mí. Cuando ya damos la vuelta encaminándonos a la meta, nos entra un subidón enorme, Carlos retrocede para que entre yo primero en la meta (y pueda poner en práctica los Tips de Mr Viti y posar como se merece tal evento).

La sensación de terminar mi primer 70.3 y el segundo de Carlos, fue increíble, nos sentimos tremendamente felices, la sensación de alegría y felicidad total es inmensa!

¿Qué nos llevamos?

Nuestro primer 70.3 juntos, haberlo hecho en algo menos de lo que pensábamos, Carlos recortó casi media hora respecto a su primer 70.3 en Mallorca, los ánimos y consejos de todos los compañeros del Club, los ánimos de todos los supporters que te ibas encontrando durante la competición…  Unas sensaciones que sólo sientes al conseguir un reto así, con la ayuda y la energía que te da llevar la K no sólo en la espalda del trisuit sino en la mente y en el corazón. 

Bego y Carlos. 

 

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